Posicionamiento de morena, ante la visita de Isabel Díaz Ayuso a territorio mexicano y su agenda de provocación política
Raíces de la Cuarta Transformación.- La dirigencia nacional de Morena
recibe con profunda indignación, aunque sin sorpresa, la visita de Isabel Díaz
Ayuso a México. Quien llega a estas tierras portando la arrogancia de la
ultraderecha española haría bien en recordar —antes de abrir la boca para
dictarnos lecciones— que este suelo fue escenario de uno de los crímenes más
atroces de la historia universal: la conquista perpetrada por Hernán Cortés y
las huestes castellanas, que entre 1519 y 1521 desbordaron sobre los pueblos
originarios de Mesoamérica una violencia sistemática de exterminio,
esclavización, saqueo y destrucción cultural que hoy, con toda precisión
histórica, nombramos genocidio.
La visita de Ayuso —presidenta de la Comunidad de Madrid,
figura central de la nostalgia imperial de la ultraderecha— no es un gesto de
amistad: es una provocación deliberada envuelta en el lenguaje de la
“libertad”.
No nos engañemos sobre el propósito de esta visita. Isabel
Díaz Ayuso no viene a México a conocer su grandeza ni a estrechar lazos de
cooperación genuina. Viene a abonar el proyecto de la ultraderecha
transnacional: esa red articulada de actores políticos que trabaja de manera
coordinada para intentar desestabilizar gobiernos progresistas, horadar
legitimidades democráticas y exportar un modelo de odio disfrazado de libertad.
Ayuso se reúne con sectores de la oposición mexicana más
rancia, con medios de comunicación al servicio del bloque conservador y con
figuras que han hecho de la mentira y la desinformación su principal
herramienta política. Esto no es diplomacia: es intervención en asuntos
internos, una práctica que México ha rechazado históricamente desde la Doctrina
Estrada hasta los principios de política exterior consagrados en nuestra
Constitución.
El México que construimos desde 2018 tiene claro que la
soberanía no es negociable. Ningún personaje externo —sea cual sea su cargo, su
apellido o la estridencia de su micrófono— tiene autoridad moral ni política
para venir a decirnos cómo gobernar, qué valores defender o a quién elegir. La
autodeterminación de los pueblos no es un principio retórico: es la médula de
nuestra identidad como nación.
Morena no responde al odio con odio. Respondemos con
claridad, con principios y con la fuerza de un proyecto político que ha sacado
de la pobreza a millones de familias, que ha puesto al pueblo primero, que ha
reconstruido el Estado como garante de derechos y dignidad. Eso es lo que la
ultraderecha no puede tolerar: que la Cuarta Transformación funcione, que el
humanismo mexicano sea una alternativa real frente al gobierno de los ricos que
ellos promueven.
El humanismo mexicano que orienta la Cuarta Transformación
hunde sus raíces en Juárez, en Morelos, en Zapata, en Cárdenas y en la
tradición más profunda de nuestros pueblos originarios: la idea de que el poder
sirve al pueblo, que nadie está por encima de la ley, que la riqueza no puede
ser privilegio de unos pocos mientras la mayoría sufre. Esos valores son
incompatibles con la agenda de Ayuso, quien en Madrid ha recortado sanidad
pública, privatizado servicios, cultivado la xenofobia y convertido el odio al
diferente en marca electoral.
Mientras Ayuso y sus aliados hablan de “libertad”, nosotros
construimos la libertad real: la de no morir por falta de acceso a la salud, la
de estudiar sin endeudarse de por vida, la de recibir una pensión digna, la de
sembrar la tierra de los abuelos sin que una corporación trasnacional te la
arrebate. Esa es la diferencia entre el humanismo y el cinismo neoliberal.
No es casual que esta visita ocurra en la víspera del 5 de
mayo. En esta fecha, en 1862, un ejército mexicano formado por indígenas,
mestizos y campesinos derrotó en Puebla a las fuerzas del Segundo Imperio
Francés— la potencia militar más temida de su época— y mandó al mundo un
mensaje que sigue vigente: los pueblos que luchan por su dignidad no son
vencibles.
Esa batalla no fue solo contra un ejército extranjero; fue
contra la lógica colonial que dicta que unos pueblos son superiores a otros,
que algunos tienen derecho a mandar y otros solo a obedecer.
Hoy esa misma lógica regresa con traje moderno, acento
madrileño y cámara de video. Y hoy, como en 1862, México responde desde su
soberanía.
Rechazamos categóricamente la agenda de la ultraderecha
transnacional que utiliza figuras como Ayuso para desestabilizar gobiernos de
izquierda y progresistas en América Latina, y hacemos un llamado a la
solidaridad de los movimientos populares de España, de Europa y del mundo
contra este proyecto de restauración conservadora.
Reafirmamos que en México la soberanía popular expresada en
las urnas es la única autoridad legítima que orienta la vida pública de esta
nación.
Advertimos a los sectores de la oposición que se articulan
con esta visita: el pueblo mexicano tiene memoria. Sabe distinguir entre
quienes trabajan por el país y quienes trabajan para intereses foráneos. Esa
diferencia será, una vez más, determinante en las urnas.
En Morena tenemos un historial de gobierno que habla por sí
mismo: reducción histórica de la pobreza, fortalecimiento del salario mínimo,
pensiones universales, becas a niños y niñas, sembrando vida, médicos en las
comunidades. No aceptamos que el escrutinio venga envuelto en la hipocresía de
quienes depredan en sus países mientras predican en los nuestros.
A Isabel Díaz Ayuso y a quienes la respaldan les decimos con
la serenidad de quien tiene razones y principios: México no se rinde, México no
se vende, México no olvida. La memoria de los 500 años de resistencia, la
sangre de Moctezuma, Cuauhtémoc, de Hidalgo, de Morelos, de Zapata y de todos
los que dieron su vida por esta tierra libre no nos permite callar. Y no
callaremos.
Por el bien de todos, primero los pobres
La patria no se vende: se defiende
#RaícesdeLaCuartaTransformación

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